martes

Rubro 59

Monsieur Brauer (h) et Mademoiselle Natalix tienen el agrado de participar a Ud. de la incansable búsqueda que emprenderán a partir de este momento. En vista de que el rating de Rolando no deja de subir desde que recategorizó de “pastor a los campanazos si la sotana fuera de metal” a “ser pelado es sólo otro rasgo de incansable virilidad” y, asimismo, Natalix cambió (forzosamente) su estatus de chica convenientemente reservada a señorita exhibida en la zona roja de Ámsterdam según lo consignan numerosos comentaristas anónimos, los involucrados han decidido que tanto oprobio y tanto goce merece ser repartido ecuánimemente y por lo tanto LANZAN UNA CONVOCATORIA ABIERTA PARA CONSEGUIR UN / A THIRD PARTY FOR A THREESOME. Menage a trois es anticuado pero más universal. Llamenló como quieran.

Los/as interesados/as deberán presentarse en la plaza de Almagro el próximo sábado, a partir de las dos de la tarde, vistiendo únicamente traje de baño. Aclaramos que una porción del arenero de los niños estará especialmente acondicionado para la escena principal del cásting, que consiste en lucha en el lodo entre los/as postulantes, que a falta de recursos primermundistas será en arena mojada y punto.

Desde ya se agradece la difusión y se espera el fervor de una elección candente.

miércoles

No todas las catleyas son iguales

Cuando Swann y Odette hablaban de "faire catleya" no se referían simplemente a la copulación; Proust lo señala: "aquella manera particular de decir hacer el amor no significaba para ellos exactamente lo mismo que sus sinónimos". El acto erótico se desprende del acto sexual: es sexo y es otra cosa. Además, la palabra talismán, "catleya", tenía un sentido para Odette y otro para Swann: para ella designaba cierto placer erótico con cierta persona y para él era el nombre de un sentimiento terrible y doloroso: el amor que sentía por Odette.

(un fragmento que ella encontró navegando)

viernes

Lo por venir

Swann, con la mayor de las vehemencias posibles, después de una noche de supremo deleite con la luz de sus ojos (fuego de sus entrañas, Pu-ti-ta, tres veces la lengua toca el paladar), le declara

—No sólo le guardo a Ud los más puros y profundos sentimientos, sino que además no conozco el dolor a su lado. Hay quien ama y pena, pero mi amor es todo exaltación, todo placer.

Ella inclina apenas la cabeza, sonríe con dulzura y, adoptando el tono de una madre que consuela a un chico, replica

—Quedate tranquilo, corazón, todo llega, ya vas a sufrir

jueves

LESBIATHÀN (el lesbianismo es un humanismo)

Swann recorrìa en el carruaje del mateo la localidad de Villa Tesei junto a Odette, aprovechando cada sacudòn para ejercer el arte de "La filosofìa del toqueteador".

No podìa evitar sacarle las manos de encima y ella lo dejaba hacer, porque sabìa que si intentaba frenarlo le generarìa anticuerpos que se retraducirìan en un cuerpo fogosamente indetenible.

Para distraer su visual observaba a las niñas que veìa pasar, la mayor parte de ellas sumamente agraciadas, como dicen nuestros amigos del otro lado del Canal, "easy on the eyes".

Se preguntò por què la vida era tan injusta, por què las que tienen buenas mamaderas tienen dos y las que no ni una.

Ciertas posaderas detenìan intensamente su atenciòn. El cuerpo tan sinuoso de alguna hembra le merecìa reflexiones metafìsicas lindantes con la repercusiòn de Jaspers en el postfordismo.

El culto al cuerpo cultivado en su època habìa hecho que trascendiera la nociòn de que un cuerpo femenino es un medio para el fìn de la uniòn copulativa, ahora un cuerpo femenino era un fìn en sì mismo, un todo acabado, una escultura de Praxìsteles digna de veneraciòn y servil baba servicial.

Su ausencia del don de la fe hallaba en una que estaba como un tren una suerte de sucedàneo teista que desembocaba invariablemente en el aumento de la lluvia ìntima, hasta rozar el alerta meteorológico.

Sujeto a la economìa de sus deseos, Swann no podìa evitar tener la ostensible certeza de que Odette miraba con ganas a las chiruzas de campesina inocencia y cuerpos que lo eran todo menos inocentes.

Pero confiaba en que aquellos glimps, aquella mirada fancy, en la que un amorìo se entreve y vislumbra como una inminencia truncada, cortejaban su propia disoluciòn como la insuflaciòn con no poca pompa de una pompa de jabòn.

Sintiò ardiente envidia del jabòn que recorrìa una vez por semana el cuerpo esplendoroso de Odette.

Casi deseaba haber estado en Treblinka y ser trasmutado en jabòn para darse el Lux de ahondar en los repliegues màs inèditos de la piel que no siempre amaba, pero jamàs podìa dejar de desear.

Trasportado al èxtasis por las ternezas de la boca a veces mordaz de Odette, sentìa urgente la compulsiòn a atravesarla hasta que la luminosidad del resplandor de su incircunciso capital asomara desde su garganta, glande con glotis en prodigioso contacto...

Ella hasta tal punto se consustanciò con la semàntica no verbal del corpus del himeneo, que creìa leer en su telescopio, en el instrumento que èl utilizaba para hacerle ver las estrellitas, una suerte de infatuado, hiperbòlico clìtoris, sobre cuya magnitud proyectaba un volumen proporcionalmente desmesurado de goce...

miércoles

La verdad

Cuando ella se estremecía bajo su cuerpo, Swann le declaraba su amor. Odette encontraba ese gesto lleno de encantadora ingenuidad y candor. Cómo era posible que un hombre que conocía distintos idiomas y podía leer música, que sabía tanto sobre historia y sobre ciencia, no comprendiera nada de las cosas más elementales, no supiera que no es posible dar crédito a las palabras pronunciadas al calor de los cuerpos.

Odette mentía pero él conocía su pasado. La indagaba: en repetidas oportunidades la había sorprendido en equívocos intercambios de miradas con otras mujeres. Hasta que por fin le preguntó si alguna vez había pasado. Ella dijo "no", después, "no me acuerdo" y cuando por fin él le pidió que lo jurase sobre su medalla de la virgen, Odette, supersticiosa como una campesina y superficial como la belleza de las flores, admitió "quizá dos o tres veces". Swann lo comprendió en el acto: dos significaba más que una, pero tres significaba "no he llevado la cuenta, podrían ser mil, de qué sirve saber lo que no se puede cambiar".

lunes

agarrame la pistola, Nancy

Tan pronto como Swann sale a la calle puede ver en todas partes los anuncios de la más burda representación que será el éxito de taquilla de la temporada.

En el cartel son tres, dos hombres y una mujer.
Y sus nombres que hoy retumban en el clamor de las famas morirán sin duda antes que ellos.

Sin embargo, hay en la imagen algo que llama poderosamente su atención.

La actitud de la mano izquierda de la mujer contiene cierta reminiscencia familiar.
Un ademán que no había sido igualado desde Julianne Moore en Boogie Nights.

Un gesto digno de las costumbres de Odette
(al mismo tiempo profesional y cariñoso)

domingo

El oro de los asnos

Antes de ser bendecida por la erudita instrucción académica, Odette utilizaba la expresión "eso debe arder como la concha de la lora". Como Swann nunca se había tracado una lora no comprendía exactamente a qué se refería, no le entraba en la cabeza, pero felizmente, las cosas terminan avanzando en su senda ingresiva.

Swann le dio a leer esta pieza a Odette para que NOSEABURRA:

Entonces ella, desnuda de todas sus vestiduras, quitóse asimismo una faja con la que ligaba sus hermosas tetas, y llegada cerca de la lumbre sacó un botecillo de estaño y untóse toda con un bálsamo que allí traía, y a mí también me untó y fregó muy largamente pero con mucha mayor diligencia me untó la boca y las narices. Esto hecho, besóme muy pretadamente, no de la manera que suelen besar las mujeres que están en el burdel u otras rameras demandonas o las que suelen recibir a los negociantes que vienen, sino pura y sinceramente, sin engaño, y comenzóme a hablar muy blandamente diciendo: “Yo te amo y te deseo, y a tí solo, y sin ti no puedo vivir”. Y semejantes cosas con las que las mujeres atraen a los otros y les declaran sus afinidades y el amor que les tienen. Así que tomóme por el cabestro, y como ya sabía la costumbre de aquel negocio, fácilmente me hizo bajar, mayormente que yo bien veía que en aquello ninguna cosa nueva ni difícil hacía, cuanto más al cabo de tanto tiempo que hubiese dicha de abrazar una mujer tan hermosa y que tanto me deseaba; además de esto, yo estaba harto de muy buen vino, y con aquel ungüento tan oloroso que me había untado, desperté mucho más el deseo y el aparejo de lujuria. Verdad es que me fatigaba entre mí, no con poco temor pensando en qué manera un asno como yo, con tantas y tan grandes piernas, podría subir encima de una dueña delicada, o cómo podría abrazar con mis duras uñas unos miembros tan blancos y tiernos, hechos de miel y leche, y también aquellos labios delgados colorados como rocío de púrpura habría de tocar con una boca tan grande y ancha y besarla con mis dientes disformes y grandes como de piedra. Finamente, que aunque yo conocía aquella dueña estaba encendida desde las uñas hasta los cabellos, pensaba en qué manera había de recibir tan gran miembro como el mío. Guay de mí, que rompiendo a una mujer hijadalga como aquélla, yo había de ser echado a las bestias bravas que me comiesen y despedazasen, y haría fiestas a mi señor. Ella, entretanto, tornaba a decir aquéllas palabras blandas, besándome muchas veces y diciendo halagos dulces como los ojos amodorridos, diciendo en suma: “Téngote, mi palomino, mi pajarito” y diciendo esto mostró que mi miedo y mi presentimiento era muy necio, porque abrazándome muy fuertemente me recibió todo en sí; y cuantas veces yo, recelado de no hacer daño, retraía mis nalgas, tantas veces ella, con aquel rabioso ímpetu me apretaba por el espinazo y se allegaba a mí más apretadamente, tanto que, por Dios, yo creía que me faltaba algo para suplir su deseo, por lo cual yo pensaba que no en balde la madre del minotauro se deleitaba con su toro enamorado.

Lucio Apuleyo, El asno de oro, Libro X, Capítulo IV, 36.

jueves

y él lo sabe

Odette es una mujer que necesita mucho afecto.
Entre uno y dos afectos por día.

martes

Textual

Mientras paseaba por el palacio de los Guermantes, Odette escuchó que Saint Loup le refería a su tío Charlus cierto comentario al menos curioso
—Lo mejor del tamaño de mi pene es la habilidad que tengo con las manos.

domingo

Combray

Aunque los abuelos de Marcel lo ignoraran, Swann ocupaba un lugar prominente en los salones. Y si bien el hecho de ser judío interfería con su creciente popularidad, compensaba esta condición con su vasta cultura, la delicadeza de sus maneras, la energía de sus decisiones y su falta de arrogancia. Además, era rico.

Swann era lo que las mujeres de la alta sociedad de su tiempo hubieran llamado un buen partido y por lo tanto no les prestaba ninguna atención.

En cambio, fue acercándose a Odette paulatinamente, creyendo que era él quien la seducía.

Durante sus primeras entrevistas, cada vez que Swann volvía a verla, lamentaba que no tuviera el tipo de belleza que él prefería.

Ella le dio una hija y lo sobrevivió. No malgastó sus bienes ni abusó de su generosidad más que cualquier otra mujer que él hubiera podido conseguir.

Odette era puta y elegante.

Cómo fue la conciliación obligatoria

Después de una virulenta pelea en la cual Odette cortó al mejor estilo Lorena Bobbit una parte sustancial del cuero cabbelludo de Swann, quien en un poco poético intento la había llamado "hija de sí misma"( -¿Por qué hija de mí misma?. -Porque sos puta, hija de puta y encima boluda que no lo entendés), la inescrutable majestuosidad de la oleada de amor volvió a poner las cosas en su lugar: el instrumento de Swann, en la cavidad de Odette.

-¿Y si nos mudáramos juntos de blanco a un blog con bienes compartidos y males redimidos?

-Está bien. Pero no quiero que sea tipo "Chez Freire". El nuestro tiene que tener ondita. Me voy a escannear la concha.

-No mi amor, no quiero que vuelvas a sentirte expuesta. La sensación de ex-puesta y de que en el pretérito tiempo me la ponían es de una melancólica añoranza ineluctable. La sufren las mujeres que tienen esa enfermedad francesa "Tafal de Gaver". Todo tiene que ser muy cuidado. Un canto al amor y al erotismo. ¿De qué sirve pelearnos acerca de qué es más importante? Para mí la comprensión, el afecto, la dulzura y la tolerancia son más cruciales y singulares que el garchoneo pero vos me das dulzura, afecto, tolerancia y comprensión como nadie nadie antes. Y para vos lo más fundacional es que te hagan salir esperma por las orejas y me decís que para eso soy el mejor...

-Así es mi vida: con vos nunca tuve que simulr el orgasmo.

-Me hace mal lo que decís. Es como si dijeras: "A vos nunca te preparé un guisito de lentejas".

-No, Swann, no lo tomes así. No provoques una desaveniencia por comprender descontextualizadamente...

-Tenés razón. Yo no necesito amor. Sólo, una mujercita con sentido común. En rigor, si tiene un poco de sentido común, me tiene que amar.

-Te amo

-Igualmente... Sabés que me cuesta pronunciar las palabras literales, pero te puedo aclarar que es recíproco.

-No importa, veo que tu zodape está durito y sé que sin palabras me estás diciendo que te caigo simpática.

-¿Por qué le vamos a poner "El camino de su an..."?

-Vení que te explico....

La fornicación es un pájaro lúgubre

La chica tiene diecisiete años pero aparentaba veinte y le llevaba casi una cabeza. Con tacos. Descalza, como hacía un momento en el Hotel Loto Azul, eran relativamente de la misma altura. Y hasta de la misma generación. Al menos con la luz apagada. La chica (impermeable de Yves Saint Laurent, largo pelo miel, paraguas para enanitos) dio un pequeño brinco y arrancó la húmeda hoja otoñal de un plátano. Se llamaba Agustina. Tiene ganas de dar saltitos, pensó Bender. La diáfana hija de puta todavía tiene ganas de dar saltitos. Él había trabajado como un émbolo, como un pistón, como cualquier otra cosa isócrona y bien intencionada, y ni siquiera había conseguido ponerla en marcha. Era como pretender bailar con una lápida.

(...)

Sacó un considerable chupetín de forma cónica, lo desenvolvió y, mirando a Bender, le dio una chupada. No una chupadita, una chupada lenta, deliberada y hasta el tronco. Esta chica, con tal de tener algo en la boca, era capaz de chupar una llave inglesa.

("La fornicación es un pájaro lúgubre", A. Castillo, en Las maquinarias de la noche)